domingo, 11 de marzo de 2012

Fotoperiodismo: la información (des)humanizada

La posición que el periodista debe tener delante de los sucesos, si debe ser un mero y frío observador o debe involucrarse en lo que cuenta, siempre ha sido motivo de controversia. El periodista que informa es criticado por ser frívolo, y el periodista partícipe hace algunas veces de héroe y otras de kamikaze
suicida. Y esta controversia se acentúa en el caso de los fotoperiodistas.

“Mientras la profesión del médico le obliga a intervenir en el suceso, la del periodista le obliga precisamente a no intervenir: debe limitarse a ver.” Estas son las palabras que Ortega y Gasset les dedica a los periodistas en La deshumanización del arte, pero al artista le considera aún más alejado de los hechos: “No hace otra cosa que poner los ojos. Le trae sin cuidado cuanto pasa allí; está a cien mil leguas del suceso”. Los fotoperiodistas se encuentran a caballo entre el arte y el periodismo, y su función ante lo que sucede les ha costado siempre numerosas críticas.
El español Davilla había captado una 
fotografía similar a la que ganó el Pulitzer

El ejemplo de Kevin Carter es el más ilustrativo de esta situación. El fotoperiodista sudafricano ganó el premio Pulitzer en 1994 por una fotografía en la que aparecía una niña sudanesa a las afueras de su poblado. Junto a su famélico cuerpo, había un buitre que parecía estar al acecho para devorar su cuerpo moribundo. La opinión pública entendió la foto como una alegoría de lo que sucedía en el Tercer Mundo: la niña encarnaba al hambre, el buitre al capitalismo, y Carter era la indiferencia del resto de la sociedad. Esta aparente indiferencia le costó duras críticas y, aunque ganó el premio Pulitzer, Carter acabó suicidándose ese mismo año.

El fotoperiodista fue demonizado y considerado tan predador como el mismo buitre. Pero años después algunos de sus compañeros contaron que el animal parecía estar más cerca de lo que estaba por un juego de perspectiva, y que Carter, después de captar la foto, esperó a que el buitre se alejara de la niña, que en realidad estaba sólo a unos 20 metros del poblado. Carter no se había desentendido del dolor, sólo estaba en el lugar adecuado y en el momento adecuado. Pero la fotografía que debería haber acallado y concienciado al mundo, desató una cantidad increíble de chismorreos hacia el fotógrafo.

La controversia en la función de los fotoperiodistas se acentúa, en primer lugar, porque, mientras que el redactor procesa la información después de recibirla y lo que cuenta pierde en ese acto parte de la espontaneidad, el fotógrafo exhibe al público una imagen directa, sin la palabra como intermediaria y, por lo tanto, sin oportunidad de justificarse. Y, mientra que una imagen vale más que mil palabras,la franqueza que ganan a veces provoca que su función sea malinterpretada.

Lo curioso es que se critique a un periodista como éste, y que no se le recuerde por lo positivo, del mismo modo que no se recuerdan los nombres de los reporteros, fotógrafos y corresponsales que mueren a diario por arriesgarse haciendo su trabajo. Como en todas las profesiones, habrá periodistas cuya ética sea más dudosa, pero la dureza de lo que muestran no les convierte en culpables de los hechos.

domingo, 4 de marzo de 2012

La (pequeña) parte por el todo

Los medios apuestan por lo impactante, pero lo impactante no siempre es representativo de la realidad. La mayoría de medios de comunicación inician siempre las noticias con las imágenes más llamativas, y esto tiene una intención muy concreta: llamar la atención del público. Pero, a menudo, estas imágenes representan una facción demasiado pequeña de un hecho.

Esto es lo que le pasa a la mayoría de medios cuando se trata de dar una noticia sobre manifestaciones y huelgas, y es lo que les ha pasado esta semana con la huelga de estudiantes de Barcelona del pasado 29 de febrero. Las fotos de los incidentes que surgieron durante la manifestación estudiantil barcelonesa ocuparon las portadas de muchos diarios y fueron noticia central de muchos informativos del día siguiente.  Sin embargo, los incidentes se produjeron a manos de una minoría independiente de la que la pacífica manifestación, de participación muy elevada (no me atrevo a decir un número concreto), se ha querido diferenciar. 


Detalle de la portada de ABC, 1 de marzo 2012
Detalle de la portada de La Razón, 1 marzo 2012


Fotografías de esos altercados violentos aparecieron en las portadas de periódicos como La Razón y ABC, cuya ideología se acoge a estas imágenes para reafirmarse contra las protestas sociales. Lo que es más, los titulares de ambos diarios conservadores apuntaron a los socialistas como responsables de los incidentes. El diario de Vocento subtituló su noticia principal con un tajante “Los socialistas justifican las protestas, muy violentas en Barcelona con asaltos a bancos”. El diario de Planeta, por su parte, tituló con un: “Prende la llama del PSOE”. Sobre estos títulos, imágenes de contenedores ardiendo. Y cada uno barre para casa.


Detalle de la portada del Ara, 1 marzo 2012
Detalle de la portada de New York Times, 1 marzo 2012











Sin embargo, las mismas imágenes fueron escogidas por otros medios de corte distinto. El catalán Ara usó la misma imagen y tituló “La protesta s’encén”, aunque en el subtítulo especificara que los incidentes habían sido provocados por “una minoría violenta”. Lo curioso es cuando el tema afecta a un ámbito internacional, y en el centro de la portada del New York Times vemos a un joven enfrentándose con un empleado de una sucursal bancaria del centro de Barcelona, destrozando cristales y puertas. La imagen dio la vuelta al mundo. En este caso, el uso de imágenes violentas recae en la creencia de que lo impactante es directamente proporcional al número de ejemplares vendidos.

Lo hiriente del caso es que, a los que presenciamos la manifestación y ni siquiera vimos estos incidentes, nos choca porque sabemos a ciencia cierta que fueron hechos independientes y minoritarios. Pero si no hubiéramos estado allí, podríamos caer en la opinión pública que cree que los manifestantes son una panda de “antisistemas”, “violentos” y otros clichés, y no una gran cantidad de estudiantes luchando por sus derechos. Si queremos forjar una opinión pública ajustada a la realidad, deberíamos saber escoger mejor lo que ocupa nuestras portadas. Porque la metonimia de “la parte por el todo” no siempre funciona cuando se trata de hacer justicia a la verdad.

Cristina Algarra